Renuncias
Rasgó sus vestidos
al huir de la fiesta,
cuando atormentada
renuncia a ella.
Con sus pies cansados
y manos abiertas
palpando con cautela,
buscó la salida
del cruel laberinto.
Ya, sin antifaz,
sentada en el suelo
lamenta el precioso
vestido de seda.
Ahora de lejos,
escucha la música
que no era para ella.
Levanta su rostro
hacia el cielo abierto
y del mismo ejecutan
para ella
una sonata perfecta…
Mirta Barolo de Acuña
Derechos Reservados.

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