Susurro
No existe la
soledad.
Aunque los
sentidos falibles,
intenten
convencerme.
La lluvia lo
confirma, los lirios azules,
han hecho una
barricada, a las marimoñas,
amarillas y naranjas.
Las blancas
calas, los pájaros que trinan
dulcemente junto
al estanque, mientras;
las ramas del
sauce llorón, estallan en verdor,
se balancean
cadenciosamente sobre sus aguas.
Mi corazón Señor,
siente el llamado de tu
Espíritu Santo,
a cantar
alabanzas, mientras
tu presencia me
envuelve el corazón con sedas
blancas, una
brisa diáfana llena mis pulmones.
Inspiro
profundamente, me lleva a un mar de cristal,
donde las fibras
de mi corazón son tensadas y suenan
Como una lira,
como un arpa.
No existe la
soledad, tú estás a mi lado.
Librándome de la
tristeza y la nostalgia.
Mirta Barolo de
Acuña
Derechos reservados.

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